Durante los sexenios de los presidentes Luis Echeverría y José López
Portillo, México vivió una serie de transformaciones importantes de
diversa índole. Desde supuestas crisis de legitimidad política, atravesando
por crisis ideológicas en el diseño de la política pública, hasta llegar
a crisis económicas muy fuertes y errores tan graves como la
nacionalización de la banca.
Cuando entra López Portillo como presidente, hereda una crisis económica
profunda y un programa serio de estabilización con el Fondo Monetario
Internacional.
Ante la adversidad de la situación, el nuevo presidente diseña una
estrategia económica para su sexenio que constaba de tres etapas
bianuales; éstas etapas tenían el objetivo de superar la crisis,
estabilizar la economía y reanudar el crecimiento sobre bases no
inflacionarias.
A diferencia de Echeverría, López Portillo trató en cierta medida de
restablecer el orden y de mejorar las relaciones con los empresarios y
la clase media.
En su sexenio agravó las tensiones que Echeverría dejó en el sistema
político mexicano y con el tiempo, mandó un mensaje que socavó la
confianza del sector privado, provocó la fuga de capitales y contribuyó
de manera importante a la crisis de 1982.

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