Desde
finales de la década de los setenta, cuando se
dio una abrupta devaluación del peso mexicano
quedó claramente establecido el agotamiento del
modelo proteccionista que había venido utilizando
este gobierno. Posteriormente, los gobiernos de José
López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas
de Gortari y Ernesto Zedillo, todos pertenecientes al
mismo partido político PRI, que estuvo en el
poder desde 1929, dirigieron a México hacia una
apertura comercial de alguna manera indiscriminada,
que llevó al país a caer en varias crisis
económicas, las principales presentadas en 1976,
1982 y 1994.
De
acuerdo con Millán (1999), “Los colapsos
económico-financieros de 1976 y de 1988 demostraron
de forma palmaria que el modelo de desarrollo iniciado
en los años cuarenta había alcanzado límites
que sólo podían ser franqueados a costa
de propiciar crisis más frecuentes y más
severas.” De esta manera, México se vio
enfrentado a procesos alternos de auge y depresión;
a tal nivel que, según indica Medina (1996) “Ni
siquiera los grandes yacimientos petrolíferos
descubiertos en los años 70, ni los cuantiosos
recursos líquidos de los préstamos internacionales
(alrededor de 60.000 millones de dólares entre
1976 y 1982) ni los recursos provenientes de más
de mil empresas estatales vendidas a empresarios privados
han podido ser útiles para construir una estrategia
que garantice el desarrollo y una mejor distribución
de la riqueza social”. La última crisis
que ha enfrentado México en los últimos
años se desencadenó en diciembre de 1994.
Para
ello, la política de control de la inflación
se basó en esquemas de concertación entre
los principales empresarios, sindicatos y organizaciones
campesinas, con el fin de controlar las demandas salariales
y las solicitudes de mayores precios de garantías
de los agricultores. La estrategia de control de la
inflación fue sumamente exitosa, al punto que
la inflación descendió de 160 por ciento
en 1987, a 7 por ciento en 1994
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